miércoles, 18 de febrero de 2009

La Luna

"No sé que tienen algunos hombres que al alcanzar la felicidad plena quieren encima que le bese la Luna.

Existe una estrella que, aun brillando mucho al haber formado parte de tu vida, no te das cuenta que ha estado ahí hasta que una noche vuelves a mirar al cielo.

Y a lo que tan solo aspiras, tras el paso del tiempo y la felicidad conseguida, es que cada vez que vuelvas a levantar la mirada puedas llegar a reconocerla, para que con los ojos vidriosos por la lágrima contenida puedas decirle desde el infinito que hay momentos en los que todavía te acuerdas de ella.

Una aspiración sencilla, ya que lo menos que te apetece es que cambie el status quo del firmamento. Y por ello, cuando te acercas de puntillas a la balaustrada que te separa del abismo que oscurece la noche, lo intentas hacer con el sigilo necesario para no despertar a los sueños de su eterno letargo;  porque los sueños, sueños son y hay que dejarlos tranquilos. Pero es inevitable sujetar, una vez has llegado allí, el grito sordo que se te escapa del alma para ver si el eco te responde. Es tan solo para comprobar que sigue vivo y que ha perdonado aquella vez en la que contestó, pero fue despreciado con el silencio.

Me despido con el deseo de que la vida te sonría como lo hace conmigo y con la esperanza de que la imagen de un encuentro casual por la calle, mientras llevo cogido de la mano a mi niño y con el murmullo de fondo de "Beyond the sea", cantada por el gran Bobby Darin, se quede en el mundo de lo onírico, porque sé que, si los sueños se hacen alguna vez realidad, seré incapaz de susurrarte al oído que fui yo el Cary Grant que un día te vió brillar en el firmamento. Aquel hombre feliz que un día quiso que le besara la Luna".



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